Caminante ya violado

Infame sus piernas, me resultan cuando le veo. Es astuto, pero no lo necesario, sus ojos calcinados  por el horror nacional, caminante ya violado.

Me sumergía entre el olor, como es usual, de extravagantes cabellos, sólo mostraba su iris, a la noche pertenecía.

Mientras tanto, su mántrico, tántrico mover, opacaba como un topo los señuelos de una vida, ida, corrompida.


Estaba degustado, los olores siempre han sido mi fuerte por no decir que vivo.

Caminante ya violado, te faltaron esperanzas; nos narró una historia, miles en una noche y siempre con sus muletillas, psicotropico amanecer cuando los perros te escupen.


Que esculpan, eructan, no le queda suela a ese zapato porque no sabe si el suspiro se le fue  o por esas agujetas, o por tan quebrantados lentes.

José, como muchos, no es excéntrico pues aquí las voces tienen su olor peculiar, sepultada impotencia, caminante ya violado.

Reflexiono en el espejo de mi mente, la fotografía de dichoso escenario, revolotea como gorrión sobre la barba de este hombre; vuelo, me detengo y le permito avanzar.

No sé cuantas veces le han escupido, le acabo de bofetear su cara con mi reducida presencia, al absurdo de existir sobreviviendo con los huesos cortícos de semejante alarido.


Me dijo que le pudo haber quebrantado el pie. “Cerdo miserable”, pensé mientras imaginaba cual gárgola desde el techo con mi duende observar tal escena.


Una casita así, semejante a un cuartel mi general, nada de eso. José, mantra y alérgico al deseo escudriñaba fragmentos de auxilio.


Probable en afirmativo quería desenfundar las rodillas de la semilla de Hekate, no sé quién era pero no me incomodaba.

Arroz, sin voz, ni siquiera parecía estar acá, los valles, montes del sepulcro envidiarían tal silencio entre los vivos, porque probablemente sabrían no a quien invitar, a jartar, tal cual ella y yo hacíamos.


Creí que se iba a desmayar, aunque la tonalidad obscura de su piel le flaqueaba la mandibula, veía su cabello trenzarse con mi nariz en frente y la imaginaba niña clamando ser inducida, corrupción.


Le dije a José mientras pensaba en quitar sus gafas, “sí, sé que significa levantarse en los extremos con la miseria en las manos”, ya no quería más extraños, fue cálida pero le faltó carácter para enfrentar lo fugaz, “sí, sé que significa ver el sol con pecas en sus ojos, pálidas de tanta gonorrea.”

Le dije que se fuera, “José…párese re duro, no sea güevón”, concluí.

Tal cual su madre no pudo haberlo hecho pero yo sólo imaginaba, su ausencia, su cargo, su desfigurada niñez, país de mierda. Jo sé,  ya no quiero oírlo más, somos cometas directo a la luna, José lo voy a pensar.

Colombia se llama José, La Muerte se llama José.

¿Qué mira chino hijueputa?, ¿me vio cara de José?…


La historia de un hombre cuya utopía era defenderse.

Crónicas de una existencia podrida 

Los pétalos secos del árbol

Si alguna vez te opacan la sombra,
Si entonces las cenizas de algún dios se sublevan, no sucumbas.

Si alguna vez el árbol se lamenta por sus ramas,
Si los pájaros al amanecer sangran por su canto, no sucumbas.

Si de celeste se viste el infierno,
Si de traje se visten los muertos, no te acerques, por favor no sucumbas.

Si las historias no se escuchan aunque como canela se lean, no les creas;
Si los vasos de cristal parecen pero de mármol son, acerca tu lengua al fuego mientras te escondes en confesiones.

Si Jesús engalana sus discursos, variables sentidos auxiliarán tu imprecisión ,peo por favor, no sucumbas.

¿Sientes el aroma desgastado de sus pies?, de ellos provienen los hongos incensatos;
Si de iniquidades olvidadas pero justas para el vulgo, permean tu criterio; espanta todo demonio ignorante pero por favor, no sucumbas.

Si las tempestades a donde todos claman su poderío, susurran por tu voluntad, es la cabeza por extinguir de un tirano dios, no los atiendas.

No sucumbas reflejo mío que disputas la morada excluyendo a los profetas del destierro, los mismos que se proclaman vencedores y con sangre insecticida humillan el contorno de sus ojos.

Si el sexo blanquea la felicidad  con moscas, en nombre de la no te busca; no sucumbas.

Si la rueda le quita los pelos por completo y marginal es la calvicie, de tu culpa renació la verdad, en algo fallaste pero sucumbir no debió haber sido.

Manifesto irracional de la espiral sin flores, extinción de la dualidad de pálidas membranas.

Sin estrellas ni principio te dictan, porque el único fin no sale ni comienza durante el clítoris ocaso sino después del corte sin alas.

Si los árboles frondosos revuelven las enseñanzas y no están a tu favor, corromper los fundamentos sobre el césped exprimirá la represora necesidad.

Si el umbral de las farolas no se eleva al sonar de los tacones de aquel enigma, la neblina no viene en tu nombre.

Porque de la estática relativa es el silencio, primaria libertad de los caídos; de los esclavos es la incierta impotencia.

Si tu sombra se confunde con tus ojos y tus dientes con las larvas, malgastada la sabana de tus pesares que administró tus pensamientos.

En el vórtice de la praxis, confusa nodriza, defectuosa ilusión encontrarás un cruce de caminos; sin darte cuenta estarás tras de ti y tu travesía opaca las colinas pero sabrás que giras y no arrullas tus collares con semejante paciencia.

De saber si has sucumbido, “ser” te será otorgado, maldito el día en que el día se hizo noche y bendito el momento donde la noche se hizo día.

In Nomine Dei Nostri Satanas Luciferi Excelsi

Hail Abraxas, Orias redentor de mis pesares, aquí reposan los gritos de Mantus cautelosa reflexión del Averno.

Crónicas de una existencia podrida 
Self in winter i find peace